Hasta hace apenas un siglo el bordado a mano era habitual; motivos bordados adornaban no sólo la ropa de vestir y de hogar, sino que también se creaban bellas alfombras y tapices bordados. Importantes testimonios de esto son la túnica de Tutankamón y el tapiz de Bayeux.
Hoy en día el bordado a mano es una artesanía que desaparece. Antes las mujeres hilaban, tejían y adornaban ellas mismas los elementos textiles propios del hogar y aquellos que se precisaban para las ceremonias festivas y religiosas. En la actualidad las máquinas han permitido abaratar los costes de producción, nuestro modo de vida se ha acelerado y los motivos de ocio diversificado. El bordado ha dejado de ser una actividad necesaria para convertirse en un pasatiempo, a veces poco reconocido socialmente.
Si queremos que este oficio milenario perdure y sea de nuevo valorado debemos unir tradición e innovación, adaptar las técnicas tradicionales a las necesidades y gustos actuales. Así, combinando tipos y tamaños de puntos junto con colores, crearemos tapices llenos de profundidad y ritmo. Somos artistas, sólo hemos cambiado la pintura por la lana, el lienzo por el cañamazo. La aguja es nuestro pincel.